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sábado, 27 de junio de 2009

El 7 no es el hijo de uno de mis tios, sino el 6+1. Siempre ha sido mi número favorito. Es la suma de 3+4, lo celeste más lo terrenal, lo que hace de él un número "redondo", perfecto. Es el signo cabalístico de la luz y la representación del ojo que la capta; es el sefira neshá, que representa el Carro del Sol Triunfante, 7º arcano del tarot. Según el sistema sexagesimal, el siete era irreductible, por lo que adquirió fama de número mágico y misterioso.


Empecé a pensar en la cantidad de hechos, casos y cosas que se ordenan a la sombra del cuarto primo:


Siete los dias de la Creación, los pecados capitales, las virtudes teologales, los dones del Espiritu Santo, los sellos del Apocalípsis, las peticiones del Padre Nuestro, los Sacramentos, los brazos de la menorah, símbolo del árbol en llamas que vió Moisés en el Sinaí, las plagas de Egipto...


Siete los cuepos celestes que dieron nombre a los siete dias de la semana, los colores del arco iris, los chacras del cuerpo, las Musas de las Artes, las Maravillas del Mundo, los Infiernos de Dante, las Edades del Hombre de Shakespeare, Los siete Infantes de Lara, los siete estudiantes de la Cueva de Salamanca. Los siete sietes de Olmedo...


Siete las novias para los siete hermanos, los enanitos de Blancanieves, los cabritillos, los magníficos, las vidas del gato...


Iremos añadiendo y explicando...si os parece, setenta veces siete.

Siete crisantemos en el cementerio...siete negros signos de interrogación.