La Caleta, la omnipresente Catedral que nos perseguía a muerte. Fueron risas y besos que ya no saben igual, el faro que continuamente nos despertaba y el abrazo que siempre da calor. Su locura en aumento y un cierto grado de nostalgia por lo que en un momento, lejano ya, creí posible. Persa de una forma u otra siempre estará en mi vida.
Seguiré cuando pueda organizar un poco mis sentimientos, alborotados en este momento.
Seguiré cuando pueda organizar un poco mis sentimientos, alborotados en este momento.

